Bestia de carga.


Los Rolling Stones, es lo único que se le apetecía escuchar en esos momentos, también era lo único que no le recordaba a nadie, el disco empieza con “beast of burden” bestia de carga, lo lee, se ríe y relajada, frente al teclado se enciende un pitillo casi esquelético, raquítico de humo, cansado de chupadas.


Tras quemarse los labios, lo aplasta con gesto seco en el cenicero y se dispone a no pensar en el, parece que lo lleva bien, para sus manos por dos segundos, se ha dado cuenta de que se ha quedado con ganas de fumar, maldito tabaco exclama, mientras cuenta cigarrillos con su dedo clavando su larga uña en cada esponjilla blanca, antes la muy tonta se las mordía.

Aquel hombre serio le había dicho que solo pensara de 6 a 7, gracioso si, pero estaba dispuesta a dejar de pensar, solo podía pensar en ella, era como una especie de terapia, de aquellas que sirven para que te des cuenta de la cantidad de tonterías que se pueden pensar en el día, y de cómo la situación personal de una persona puede interferir desde en sus deseos hasta en sus ganas de comer, pasando por agobiar a cualquiera con su monologo repetitivo.

El caso es que no iba a pensar mas en el, aunque ansiaba en descifrar aquel telegrama, que le había llegado por curiosa. Ella le echaba la culpa a sus manos, desde que tenían uñas, se habían vuelto independientes y ansiosas de abrir la tripa al gato.

Sabía dos cosas solo de él, que llevaba gafas y que le gustaba el fútbol, concretamente el Recreativo de Huelva.
Que el francés le parecía armonioso, que el inglés no se le daba mal, y que ha soñado siempre en ser astronauta , eso…se lo imaginaba ella.

Con esos datos, era fácil poder dejar de pensar en una persona, además, no resulta nada interesante, se decía así misma mientras barría la ceniza hacia un lado y hacia otro. Ese pensamiento le hacía volver a tener ganas de fumar.

De que sirven tener las uñas largas si soy fumadora, se preguntaba, mientras orgullosa, se decía en voz alta, ¿ves?, esto lo puedes controlar, estas pensando en tus manos en vez de en el.

El:
El era un chico tímido, pero listo, eso no lo sabía ella, como tantas cosas.
Lo había conocido años antes, en una fiesta de ginecólogos al que la invitó el estupido de Francis pensando que le vendría bien a su imagen una chica tan atractiva como ella, consiguió darle esquinazo y como por el destino coincidieron en el bol del ponche, ella le miro, de arriba abajo, le pregunto si tenía un cigarrillo, el,se parpadeo los bolsillos de la chaqueta y contestó, no , no fumo. Trás un leve pausa, y mientras agarraba con sus manos pequeñas el vaso de plastico y lo llenaba de una especie de liquido rosa y en un vaso de cristal se servía su whisky con cara de estirada le comentó ¿Eres otro toca chochos de la promoción?: Está claro que no le debió dar buena impresión, ya de lo contrario no hubiera sido tan soez, no le pegaba a ella, tan fina…pero siempre le ha gustado sorprender, y el se sorprendió, tanto que pasaron el resto de la velada, acechándose con insinuosas miradas. Eso al menos creyó ella, yo diría más bien, que le asustó.

Nadie les presentó, y mientras ella, se aburría escuchando los diferentes tipo de vajina que existen y las especies que quedan aun por determinar, mientras hacía circular su bloque de hielo en el güisqui aguado, observaba al chico al que horas antes le había pedido un cigarro, lo veía reírse con todas, y todos, curioso levantaba una y otra vez la copa, mientras la gente gritaba ¡olé!, y no sé que del equipo mas malo del mundo, el caso que se divertía.

Dos horas mas tarde, Francís la despertó, se había quedado dormida, con la cabeza apoyada en un hombre barbudo, la empujaba una y otra vez con el hombro en un intento de hacerla caer. Se espabiló y comenzó a otear toda la sala, lo único que quedaba de la fiesta eran unos cuantos diplomas roto, y trompetillas de fiesta mezclada con confetis, tres o cuatros borrachos tirados por dos o tres mulas de carga.

Tal como salía del parking, aun podía escuchar las carcajadas de un grupete de viejos compañeros que narraban historias pasadas.
¿Te llevo a casa? Pregunto Francis, si, contestó ella secamente, gracias por acompañarme, ¿te lo has pasado bien?, estupendamente contestó ella, con ese grado de insatisfacción irónica el cual su loquero le aconsejaba que moderase.

Estaba deseando llegar a casa y volver a escuchar “beast of burden” mientras se hace un pitillo, y como no, seguir pensando en el, ¿Que no era el?, ¿Qué quien será? ¿Qué que mas dá? No le hacía daño a nadie, y al fin y al cabo, el solo es un producto de su imaginación.

O quizás el existía como existió aquella noche, solo que su comentario desafortunado hizo que no se interesara por ella, y menos aún en saber que en alguna parte de su misma ciudad, ella se empeñaba en no pensar en él.

Y aquel telegrama, aquel que encontraron sus uñas en la tripa de gato, no, aquel telegrama tampoco hablaba de ella.

No hay nada mejor en esta vida que gozar de una buena salud imaginativa, y para esta gallega, pensaba mientras pendía aún como anillo al dedo, aquella chusta de tabaco insipido, no hay mejor terapia. Llegaba la hora de dormir, aún así Napoleón le pedía calle, dichosos gatos!

No hay comentarios:

Publicar un comentario