Aquel verano las ranas dejaron de cantar,
En las noticias lo llamaron el verano de la canícula,
No fue un verano cualquiera.
más bien un verano irreal,
De esos de pesado sueño,
Sudor febril
y paraguas de parasol por los tejados.
Aquel verano las ranas dejaron de cantar,
ella se volvió tiritando,
y el en su vieja moto.
Se fundió el ruido de las antenas
en el vapor de asfalto.
Aquel verano media ciudad no dormía
y los gritos se mezclaban con los cláxones a hora punta,
al salir del trabajo.
Aquel verano
recuerod que los grillos
también dejaron de cantar.
Vieja cajita de seda verde
y muecas chinas.
Vieja cajita de grillos dorados
Callados
Abandonados a su suerte.
A la suerte de un buzón de correos,
de lata amarilla
que no los llevó a ninguna parte,
Como sus notas,
Como aquella vieja cassette
de poemas y himnos de amor
y anhelo.
El no le hizo ningún caso,
con su excusa barata de espejos.
Era la última llamada.
su último S.O.S adolescente.
Y desde entonces,
Ella siguió tiritando,
Y el quemó todas sus viejas fotos.
Sus señales de humos se vieron por toda Sevilla
Lanzadas aprovechando una migración de pájaros.
Pero el no hizo caso a su S.O.S mancebo,
y en su última plegaria,
las ranas guardaron silencio.
Lo llamaron el verano de la canícula,
No fue un verano cualquiera.
más bien un verano irreal,
donde desaparecieron muchos,
príncipes y payasos.
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