Habíamos coincidido alguna que otra vez con ese grupo de amigos, me llamaba la atención pero soy muy discreta y tarde en acercarme. Yo también soy persona de pocos amigos, pero suelo tener intuición.
Lía era como un ave fénix, podía salir su casa ardiendo, que ella saltaba por todas las ventanas a la vez, y conseguía salvar su alma. Esta vez era como tantas otras, de tantas, que ya casi no le quedaban fuerzas, pero como ave fénix, sacaba fuerzas de donde fuera, nunca he conocido a nadie así, con tan poca memoria a veces, sus amigos le recordaban una y otra vez sus palabras, aquellas que pronunció la “última vez”, pero ella no era rencorosa, sus enfados duraban segundos y aunque las cosas no les fueran bien, no le faltaba uno sonrisa, por eso Lía era Lía.
Como no tenía rencores, muchas veces encontraba a gente mala, que se aprovechaba de ella, y luego se quedaban a su lado, la muy tonta ya no se acordaba de nada. Sentía lastima por ella, su memoria le hacía caer una y otra vez en sus propios errores, era como un niño, inocente a cada paso, cada año, cada siglo.
Aquel día parecía cansada, cansada y aburrida, estaba entre aquellos amigos, sin decir nada.
Mientras tanto, yo a la par que ella pensaba :
_Llevaba razón aquel chico, antes, todo era tan romántico, los paseos en bici, el helado a la orilla del río, doscientas pesetas para tres cervezas, y la tercera, se bebía entre beso y beso, unos cuantos versos a tientas, caricias indiscretas ante la mirada atenta de un abuelo, las noches sin dormir, y los días durmiendo, el cuelga tu, no tu, no tu tonto, la cajita de bombones el 14 de febrero con su regalo escondido entre notas y jarrones…ay!, es verdad, antes todo era de otra manera.
Que triste, si…¿desde cuando es tan caro el calor humano? ¿Desde cuando no se tiene tiempo para darlo, para recibirlo? ¿Desde cuando enamorarse en sinónimo de programarse o de sacrificio o de abandonarse o de control o simplemente de cuestión de tiempo?
_ Espérese un momentito señorita, que voy a “mear” y después de eso, le prometo enamorarme por completo, que tengo una penitencia que hacer, y de que mejor forma, así programo mi cabeza, y a las nueve, estoy babeando de sueño en su hombro, si suena la alarma, no se asuste, toca el tiempo para volver a ser yo, y esta tarifa ya le va saliendo cara._
Dejé a parte mi imaginación y seguí haciendo como la que escucha al resto del grupo, gesticulando de manera periódica una especie de mueca, parecida a una sonrisa.
Observaba a Lía, y la verdad que más de una vez me ha parecido patética, con su cara de buena persona, y con sus buenas intenciones siempre, y aun peor no soportaba a su novio, ese engreído de poca tinta que iba de listo, parecía un Don Juan de patios de corral. Demasiada pecera para tan poco pez, pensaba yo y de eso Lía no se había dado cuanta aún, siempre la veía detrás de el, como su sombra, mientras el se pavoneaba cual gallito, pensé en lo tonta que era y que de alguna manera tenía que ayudarla.
Así que decidí entrometerme en su vida, nos hicimos muy buenas amigas, aluciné con su manera de ver las cosas, tan sencillas, tan simples, tan llanas, recuerdo que me hizo reír, a carcajadas, era un poco payasa y muy divertida, se soltó el pelo, sirvió un cubata, y me narró historias de Donostia, y no se que país de centro Europa donde había sido una buena golfa., al menos eso decía ella.
Nos quedamos sola, su novio quería irse corriendo a jugar un poco con la nueva maquinita que le habían regalado, y a ella no le importó mi compañía.
Tardé en preguntárselo, pero me atreví, ¿Por qué una chica como tú, estás aguantado a un tío como el?, se quedó callada, con cara de pregunta fácil, y cuando fue a abrir la boca, la volvió a cerrar, pasado unos minutos, me susurro al oído un no sé, seco y viejo.
La miré y solo recuerdo que me entraron ganas de besarla. Me abrazó sonrojada, y me miró, parece que fuera más consciente que yo de mi propio pensamiento y finalmente fui yo la que me sentí patética. Y mi opinión sobre su pareja decidí callármela, confié que ella sabría tomar el vuelo, pero lo haría a su debido tiempo, antes tenía que gastar todas las balas.
En medio del silencio, mientras buscaba un disco de Aznavour gritó:
¡¡Lo dejaré cuando deje de ponerme cachonda y créeme amiga, tu acabas de superarlo!!
Sé que no hablaba en serio, al fin y al cabo era una romántica, Pero a mi… me hizo pensar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario